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El Dragón y la Sombra [Kress]

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El Dragón y la Sombra [Kress]

Mensaje por Kardia Van der Meer el Dom Mayo 03, 2015 1:31 am

Era ciertamente desagradable estar en ese lugar, ella era un dragón, el dragón rojo de Egipto, mano derecha del rey y por su puesto, la mujer con mayor poder en la corte, aquel titulo ganado con sudor y sangre. Por suerte, se encontraba oculta con una larga capa de color ébano, mientras era escoltada por varios guardias imperiales, hasta uno de los casinos con mayor prestigio en la ciudad, rodeada de turistas y vendedores que trataban de ofrecerle las joyas más hermosas, pobres insulsos al crees que aquellas baratijas tuvieran siquiera un poco de valor. Debajo de la capucha sonrió de medio lado, con autosuficiencia y sardónico descaro. En el camino, se encontró con un par de niños acorralados en un callejón, estaban hambrientos porque sus manitos rebuscaban entre los desechos de comida de un restaurante cercano. Se detuvo en seco, y con ella su escolta, sin pensarlo dos veces chasqueo los dedos.

—Agua y pan, —ordenó con voz suave pero firme.

Un lancero enseguida atendió a ella, llevando una botella de agua fresca y dos piezas de pan, las manos níveas se asomaron entre la tela, adornadas con muñequeras y hermosos anillos de oro blanco. Caminó hasta las criaturas indefensas y avergonzadas, temerosas de que quizás los lastimaría, pero entonces ella retiro la capa de su cabeza y dejo caer el sedoso cabello de color sangre, contrastado con los hipnóticos glaciares.

Ofreció el agua y las piezas de pan, los niños las tomaron ansiosos, tragaron, no, devoraron y entonces una sonrisa maternal se dibujo en los rosados labios finos. Sus trémulos dedos rozaron las cabecitas,  y ellos solo atinaron a agradecer.

—Mi señora, ¿Usted lo cree correcto?

Interrogo uno de los guardias, manteniendo siempre el respeto y a sumisión ante la mujer.

—Lo que hago siempre es correcto, —respondió ella con cierto atisbo de prepotencia, antes de volver a colocar la capucha sobre su cabeza, y retomando el camino.

Pasos que imponían respeto aun debajo de la larga tunica y secretos a voces que se perdieron cuando ella cruzó la puerta del casino, un lugar donde los ricos y nobles despilfarraban su fortuna entre mujeres, alcohol y bajos placeres, un lugar vulgar, si, pero un lugar donde las paredes no podían escuchar entre la lasciva perversa y las carcajadas corrompidas.

Atravesó la estancia amplia adornada por vaporosas cortinas de seda egipcia teñidas en rojo, algunas más de un blanco inmaculado, los sofás de plumas con grabados en hilo de oro, mostraban la excentricidad petulante de la alcurnia egipcia. Negó en sus adentros tal descaro, el pecado en su máxima expresión.

—Mi señora, mi señor esta esperándole, por aquí… Sígame. —indicó un hombre de mediana edad.

Solo uno de los guardias siguió a Kardia, mientras el resto se dispersaba por el lugar, advirtiendo presencias no deseadas, o algún atentado contra el bello dragón rojo, después de todo, Kardia era una de las joyas de la corona para el pueblo de Egipto, amada, venerada, odiada y envidiada en iguales proporciones.

Se abrió paso a una habitación de color ámbar, con elaborados candelabros y grandes ventanales que dejaban entrar la luz oblicua de la media mañana, algunas mozas se paseaban por la estancia con bandejas de frutos frescos, jarras de vino y alimentos de aromas exóticos. Al fondo de la misma, un escritorio de cedro con laminado de bronce con variados estantes llenos de papiros y libros, un globo terráqueo giraba de manera errática, una vela estaba por apagarse y el incienso de eucalipto daba una percepción muy diferente a la vista en el piso inferior.

Se retiró la capa y una de las mozas se ofreció a tomarla, Kardia sonrió con amabilidad, como era su costumbre.

—Debo suponer que, se me ha citado en este lugar por algo importante, —finalmente habló. El tono demando que le fuera informada la razón por la que ella estuviera en ese lugar, y no en el palacio acudiendo a su rey.

—En un momento la atenderán mi señora.

Kardia ignoro a su interlocutor, se paseó como un depredador por la sala, observando cada movimiento, cada pieza en aquel lugar que poco o nada le causaba confianza, caminó a donde los ventanales, observando la ciudad desde la transparencia de estos, divisó el palacio, y se preguntó qué estaría haciendo su rey en ese momento, si la necesitaba quizá, y ella se encontraba ahí, perdiendo el tiempo.

Suspiró con disimulo, sintió su aliento caliente como el fuego, sus huesos dolían, siempre, cuando se encontraba incomoda en algún lugar o cuando pasaba demasiado tiempo con su piel humana. Habían pasado los años, pero las cicatrices seguían ahí.

—Kardia, nuestro amado Dragón Rojo de Egipto, y principal consejera del rey… Yo tengo el honor de presentarle a…

Los cobaltos miraron de soslayo mientras el sonido de pasos acercándose apenas la inmuto.
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Re: El Dragón y la Sombra [Kress]

Mensaje por Kress el Dom Mayo 03, 2015 2:23 pm

Se sabe que desde el sol naciente hasta el ocaso, y visceversa, las miserias de los pueblos son supremas y de proporciones cataclismicas en comparación con los intentos, catalogados de osados, de los mandatarios de cada reino existente por apaciguar aquella marea que a veces se tintaba de rojo, por un lado las personas socegadas y arrulladas por el mal, y por otro, aquellas que debían encargarse de mantener una equidad entre el pueblo que concernía tanto al bienestar como al propio mal, esas personas que en sus manos tenían riquezas y poder, burocratas que en su mayoría jamás habían vivido desdichas, de ellos dependía la balanza de los pueblos a su cargo, inclinación de la misma que debía ser fomentada con inyecciones almenos de la menor de las correctas atenciones, sin embargo, era mejor, más fácil y menos contraproducente tan solo hablar desde un palco para que todos, aunque no quieran, deban escuchar, seguidamente vendría la aprobación a tales palabras por parte del bando misero, todo esto se debía a que los de la alta no solo tenían poder y riquezas, tenían el carisma y las palabras necesarias para sumir las desdichas de los desamparados en una especie de ilusión hecha de sueños, sin magia, y una sonrisa. Lo curioso era que nadie existía en el centro de ambos bandos, al menos no en egipto.

Cosas ilógicas vislumbrarían a lo anterior narrado, Kress, se jactaba de creer ser el único en toda la faz de la tierra en entender ambas posiciones, después de todo había visto cosas  con las que no muchos podrían alardear de neta experiencia y, a la vez, era uno de esos maniquíes pertenecientes a los de arriba que colaboraba incluso con la causa ayudando a montar todos los espectáculos del circo sentado en una mesa con algunos más, al fin y al cabo, todos quieren ser importantes y disfrutar de placeres efímeros que los acercan más a una alegría antes que a una felicidad plena. ¿Sería corrupto?.

Días antes se le había ocurrido enviar una solicitud de asistencia al dragón rojo a uno de sus casinos favoritos en la ciudad imperial, sus pajaritos se harían cargo de entregar el mensaje en la mayor brevedad posible, el día había llegado y se encontraba liberando tensiones desde muy temprano en el sitio acordado.-!Oooohhh!...¡Si! ¡Si!-Gritaba una mujer en el interior de una sala con una entrada hecha a dos puertas de características muy lujosas y detallistas, risas pícaras provendrían a continuación, posteriormente luego de algunos minutos saldrían de ella un comerciante adinerado que apretaba sus fauces e inflaba sus cachetes en brusca molestia y tironeaba de una mujer esbelta que no quería irse del lugar.-Fue un placer jugar a las cartas con usted honorable señor-Se escucharía una voz seria y un poco arrogante que haría enfasis irónico en las últimas dos palabras pronunciadas, acto seguido se vería la figura de Kress ocultado bajo una capa negra y sin su mascara en la que a penas resaltaría su ojo derecho exasperando la visión ante tanto rojo brillante, cruzado de brazos se recostaría del marco de la puerta y nuevamente hablaría para salir de una vez del ajetreo presente, aunque disfrutaba del acto.-Ve con calma hermosa palomita, creeme que fuiste tu quien me trajo la suerte al decidir sentarte a mi lado-Palabras que sin duda serían en mera busqueda por fomentar la inquietud en la mente de la mujer, y esque eso era algo que se le daba realmente fácil, no obstante quedaría solo despues de que la chica se aplacara y se fuera tranquilamente al lado de su marido el comerciante, Kress la notaría regresar la cabeza hacia donde él estaba cuando bajaban las escaleras y en su mente se reía de ello. Como un pájaro mañanero apareció desde otra puerta una empleada del casino que se le acercó sin pedir permisos en evidente confianza y afincandose en su hombro se estiró hasta llegarle a la altura del oído, voló tan pronto como acabó y desde un bolsillo interno de su gabardina, Kress extrajo esa cosa que desde hacía mucho tiempo vendría siendo su madre, la calzó inclinandose hacia adelante y la ajustó con ambas manos para que quedara perfectamente adaptada a su rostro, se retiró la capucha para luego quitarse la gabardina y tenderla sobre su antebrazo izquierdo, expulsó aire a través de su boca que al colarse por la tela gruesa de su máscara produciría un sonido típico de un gas al expandirse con dificultad, él no sabía suspirar, avanzó con cierta parsimonia hasta cruzar la puerta por la que la empleada había aparecido, tenía una agenda apretada.

Poco a poco fue transitando con un andar que derrochaba elegancia un pasillo que daba hasta una sala de reuniones que solía usar para discutir temas económicos con el dueño del casino, al llegar al aposento se encontró con los llamativos cabellos rojos del dragón del pueblo, en su presencia quizás un poco tácita, un presentador quizo hacer lo própio pero este no lo dejo tapandole con delicadeza la boca, sería algo de mal gusto dejar que alguien más lo presentara, él no era así, elegante, elocuente, carismático, caballero, pero era alguien que le gustaba realizarse por sí solo, dos palmadas se escucharon y la habitación quedo sola tan rápido como pudieron salir los empleados.

Discordante sería la situación en que una reunión no conlleve palabras, avistó al guardia que acompañaba a la miembro del concejo y posteriormente procedió a dar la bienvenida.-Bienvenida, hermosa damisela y compañera de causa, veo que como es costumbre ha traído a sus leales seguidores...Sin embargo, le imploro que por favor le ordene que espere afuera, son solo unos cuantos pasos de distancia nada más-Esa voz seria jamás lo abandonaba, aquella caballerosidad lo escoltaba haciendo un juego carismático que envolvía a la gente.
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Re: El Dragón y la Sombra [Kress]

Mensaje por Kardia Van der Meer el Mar Mayo 05, 2015 9:30 pm

Orgullosa y airada, Kardia no perdió la postura en ningún momento, ni siquiera se atrevió a mirar de soslayo al hombre que a sus espaldas la halagaba, la firmeza de su cuerpo se comparó entonces a sus palabras, y el recelo en estas, el dragón siempre debía mostrarse imponente, el poderío que ejercía a pesar de poseer un cuerpo tan frágil, se comparaba al porte de Gilgamesh.

Kardia, Kardia Van der Meer, —pronunció el nombre con total entereza, la soberbia del nombre era impoluta—. Ahórrame la retórica, cual es la causa de tu llamado.

No le agradaba en nada el lugar, pero no lo demostró, el rostro apacible y de facciones suaves apenas dejo ver la sutileza de una sonrisa siempre amable, la piel del cordero, como muchos de los más ancianos le llamaban, era curioso, puesto que un dragón, típicamente era soberbio y audaz, pero ella dejaba ver solo una dócil oveja dispuesta a escuchar, a dialogar y negociar, cuando la realidad era, que sus fauces siempre afiladas, estaban listas para arrancar la yugular de tajo.

Se giro apenas unos grados, el azul de sus ojos tan intenso y frío, se clavo igual que una daga oxidada, con el propósito de imponerse, enseguida, con ademán invito a su escolta retirarse, más que protección, era solo protocolo, si bien, era una mujer de apariencia sutil, la verdadera naturaleza de Kardia distaba mucho de aquel adjetivo. El hombre asintió de inmediato.

El haberme citado en un lugar así, debería ser suficiente ofensa para el rey como para reclamar la cabeza de un concejal, por menos que eso se desencadeno la masacre de toda su corte hace un par de años.

Agregó, recordando aquel episodio de arena y sangre, en el que ella misma había sido encargada de deshacerse de todo lo que a Gilgamesh le estorbaba, no dudaría en volver a hacerlo. Kardia no era una reina, pero nada se oponía al poder que ejercía en el trono. Era verdad, estaba orgullosa, ¿Cómo no estarlo? Era la madre de Egipto.

Caminó alrededor de la sala, como una niña curiosa, sus dedos se deslizaban por las esculturas y cuadros que encontraba a su paso, dejando una estela de aroma a lirios frescos, el sonido de sus pasos era hueco debido a la alfombra, y la paciencia infinita de su rostro permaneció. Si en ese momento la pudieran describir en una palabra sería «Depredador»… El dragón con piel de oveja.
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Re: El Dragón y la Sombra [Kress]

Mensaje por Kress el Mar Mayo 05, 2015 11:02 pm

Casi que el dragón lo interrumpiría, serían mínimos los espacios entre la pausa de la sombra y el desgarrar de las palabras arrogantes del dragón al presentarse, Kress elevaría su ceja derecha, la única visible, al demostrar sin tapujos que no le pareció cordial la forma en la que se portaba la hermosa mujer, bajó por todo el cuerpo detallandola y estudiando un poco su lenguaje corporal, parecía paciente, sumamente tranquila y, en el momento en que ella se giró inevitablemente aquellos ojos azules le transmitieron la mayor característica de un dragón, lo decían los libros que había leído a través de los años, lo decían sus maestros de la niñez, lo decían los ancianos del castillo, y en años pasados había notado aquello en algunas acciones del rey, la manera de imponerse ante los demás, en este caso ante su escolta que captaría la seña en menos de un segúndo, Kress siguió al guardia con su ojo rojo mientras analizaba las acciones*Se apura, no desea hacerla esperar demás, siente...¿temor?...no, no, respeto, o mejor aún, una mezcla de los dos...Excitante*Nuevamente interrumpiría, esta vez su pensamiento, la dragona para buscar típicamente ser ella por encima de él, pretendió inculcar quizás un sentimiento de temor en el interior de la sombra, inmediatamente esto provocó que el peliblanco tocara su máscara a la altura de su boca donde yacía aquella sonrisa sardónica, él no sonreía, lo hacía pícaramente con este gesto que solo él se entendía, recuerdos de años pasados volvieron a su mente, serían días agitados y los recordaba con cierta parsimonía pero con aceptación, aplaudía internamente al rey tras haber tomado aquellas acciones frente a los débiles de voluntad y de poca inteligencia, dejó de frotarse la mascara y caminó hacia el escritorio para bordearlo y sentarse, la observaría empezar a desplazarse por toda la sala y no quitaba su ojo de la anatomía de la aparente mujer sumisa.

Se perdería algunos minutos en el estudio de aquella mujer, pensar una serie de cosas sobre el ser que tenía en frente lo llevaba como a una esquizofrenia interna que rayaba probablemente en una de sus nuevas adicciones, y es que aunque su mente era volátil, no alcanzaba a dilucidar toda la red que tejía el dragón, volvería al ruedo ladeando su cabeza de manera brusca, al detenerse observó un tarro de vino, probablemente el mejor de egipto, y como siempre la caballerosidad en él estaba adelante.-Sería un gusto para mi servirle una buena copa de vino. My Lady-Pretendió hacerse el imbécil al tratarla como una mujer común y corriente, él sabía que si el dragón quería beber, bebería, sus acciones serían netamente en búsqueda de reacciones que pudieran ser estudiadas por parte del otro ser que no dudaría en captar.

Se acomodó sobre su asiento cruzando sus piernas para sentirse más comodo, seguidamente tomaría aire dandose su tiempo y posteriormente lo expulsaría a través de la boca provocando ese sonido típico justo antes de hablar.-Seguramente no sienta necesidad ni entienda cual es el empeño en esta reunión, dejeme explicarle, el consejo es de cinco personas, no obstante, solo nos sentamos cuatro, un día estaba pensando en la inmortalidad del cangrejo y como una estrella fugaz cayó en mi pensamiento la pregúnta que desde entonces me he venido haciendo...¿Por qué siempre falta alguien?...Creame, muchas veces la perspectiva de una persona puede ser de una utilidad incalculable para el reino-Esas palabras estaban almacenadas herméticamente en su cabeza, totalmente como si de un guión se trataran, pero las expresó de la manera más natural y acorde a su personalidad seria y tan tajante, que realmente parecerían genuinas de puro sentimiento, dedicación y amor al reino, seguiría observando a la peliroja.-Entonces yo simplemente empecé a indagar en el asunto, varias noches pasaba sin dormir, la palabra de un leal compañero faltaba ser escuchada en nuestra humilde mesa, hasta que por fin encontré a ese misterioso miembro y, como una bendición de nuestro dios, acá estamos frente a frente...¿No le parece productivo nuestro encuentro aún?-Siguió manteniendo ese perfil natural al expulsar su guión previamente meditado, sentenció con una pregunta un poco estúpida, de esas que son usadas a veces para buscar que el oyente se inmiscuya en el intercambio de ideas, esperaba paciente y parsimónico escuchar hablar a la dragona con respecto a todo lo que le había dicho, era algo que como desde un principio tendría como finalidad entender la mentalidad de la chica, además, mantuvo su nombre a cubierto de manera un poco recelosa al no haberse presentado violando sus parámetros de caballerosidad, todo con una finalidad.
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Re: El Dragón y la Sombra [Kress]

Mensaje por Kardia Van der Meer el Miér Mayo 06, 2015 3:24 am

Aparentemente el ambiente era relajado, la brisa suave golpeaba las cortinas meciéndolas en un compás casi hipnótico, perfecto para una charla amena entre dos camaradas. El pensamiento de Kardia solo podía enfocarse en las razones para que el albino, le mandara a llamar de manera osada, pero igualmente mantenía cierto interés de conocer aquellos motivos de intriga, hombre inteligente, pensó, sólo el rey gozaba de una audacia capaz de llevarla a climas diferentes, entonces cayó en cuenta que, aquel osado hombre, era más de lo que aparentaba ese galante carácter y personalidad serena. Había accedido por curiosidad, un instinto primigenio en los de su raza.

Que sea poco, realmente no bebo en plena tarde, y debo presentarme al almuerzo, sería una vergüenza llegar con las mejillas azoradas.

Contestó de una manera casi encantadora, sonrisa aterciopelada como los pétalos de las rosas rojas que se encontraban en el balcón, buscó enseguida un lugar en el cual descansar, una manera de presentarse mansa, se sentó con gentileza sobre una silla frente a él, con el escritorio dividiéndolos, casi como una muralla emocional, en la que las piezas estaban colocadas, un movimiento en falso, un juego de estrategias, «control de similares», como Kardia lo llamaba. Los cobaltos no abandonaron en ningún momento al ojo color sangre, ni a la mascara que enseguida le provoco interés. ¿Qué razones había para usarla?... sacudió la cabeza ligeramente, a su vez que escuchaba atenta sus palabras.

Ah, lo había olvidado, ahí estaba parte de la razón… era verdad, ella jamás se había sentado con el consejo, la respuesta era llana. Gilgamesh era posesivo con sus pertenencias, y Kardia era una de ellas, su consejera más allegada, la única tal vez, que de cierta manera podía dar paz al temperamento del rey dorado, Kardia se jactaba de ello, años a su servicio y ni un solo error en sus movimientos, le habían valido su lugar siempre constante a un lado del trono, esperando paciente.

Oh, —entreabrió los labios formando la vocal y arqueando las cejas con sorpresa, tan falsa, que irónicamente  aquel nivel de falsedad, tintaba una verdad absoluta—. Agradezco vuestras palabras de halago.

Agregó finalmente, suspiró cerrando por un momento la mirada, meditando sobre qué contestar, a esas alturas, Egipto conocía a su dragón rojo, pero era extraño que el consejo no pudiera gozar de ello, había entonces un par de razones, la primera: Kardia era mujer, y aquello en una sociedad aún dominada por el yugo del varón, era mal visto, una mujer en un consejo de guerra, parecía una broma surrealista. Y lo segundo: Solo ella servía de manera directa al rey, era sus ojos, boca y manos cuando este se encontraba indispuesto.

Sin embargo, me temo, que mi opinión en vuestras reuniones estaría de más, siendo que hasta el momento, sus acciones han mantenido a Egipto estable y en orden, —habló con gentileza y modestia—. Mi labor como concejal se centra exclusivamente en las necesidades de nuestro rey, le escucho y obedezco, siendo sus manos, ojos, boca y oídos cuando es necesario.

Dicho de los labios de una mujer, aquello habría escandalizado a los mas ancianos, parecía la declaración de una simple concubina que se sometía al capricho del monarca, pero no era así, Kardia había mostrado ya en un par de ocasiones, que su labor en el palacio era meramente política, y a veces, cuando  se le requería, bélica y militar. Era imposible pensar en el dragón de esa manera tan osada.

Sin embargo, me provoca curiosidad conocer sus inquietudes, sobre mi ausencia en vuestra mesa.

Ahora ella tomo la palabra para cuestionar, esperó atenta y paciente. Desde el momento en que había aceptado la invitación, el juego había dado comienzo, ella no daría su brazo a torcer, y sabía que  de alguna manera, ese hombre causaría un peso hacia algún lado de la balanza. Se preguntó internamente sobre si estaría actuando solo, o tal vez los otros tres estarían confabulando con él, interrogantes que llegaban a su mente de un momento a otro, haciéndola asimilar la información de manera precisa y detallada.
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Re: El Dragón y la Sombra [Kress]

Mensaje por Kress el Jue Mayo 07, 2015 9:29 pm

Inevitablemente se quedó pasmado con la reaccion a la oferta de vino que tendría el dragón, lo emudeció, su ojo derecho se mostraba serio pero con actitud pensativa, realmente era algo muy difícil notarlo ante la ausencia de rasgos que detallar, analizaba todo lo que podía, iba al pasado y ojeaba libros que anteriormente había estudiado, revisaba antecedentes que dieran base a tal fenómeno y, en su cabeza todo era un maremagnum de ideas que chocaban y se alborotaban las unas a las otras, una pauperrima escala de grises en la que vivía internamente, por fuera, parecía que paraba la palma al mundo sin un vaivén, la sombra solitaria ante tal ser vivía su grave altivez, tuvo que forzarse a si mismo para regresar de ese mundo cuando notó que ella se sentó frente a él con el escritorio de por medio, le sirvió con una actitud sumisa la copa de vino más abajo de la mitad y regresó a su sitio calmado para luego continuar con sus premeditadas palabras.

El intercambio de palabras iría surgiendo como sin querer de parte de ambos, no obstante, todo aquello era un tablero de ajedréz que albergaba más de las sesenta y cuatro casillas, si se deseaba, se podría describir como la delgada línea entre la inteligencia y la actuación, a un lado un dragón que no parecía dragón, o solo en ocasiones, en el otro costado, una sombra maldecida desde pequeña, que estaba dispuesta a masturbar al más maltrecho corazón hasta dejarlo seco para satisfacer sus necesidades, bajo la máscara se relamió los labios de manera lenta sin que se notara algún gesto desde el exterior, escuchaba ahora a la peliroja que venía seguramente a querer imponer sus mandamientos una vez más, así debía ser por decreto divino de los dioses.

No, perplejidad para el peliblanco que mentalmente empezaba a sentirse desganado, debía escuchar, debía atender, lo hacía ya casi de manera ausente al tan solo dedicarse a observarla fijamente a su bello rostro con su único orbe visible, pensamientos iban y venían, pero nada que diera una exacta explicación a lo que estaba contemplando, se postró sobre el escritorio con ambos codos y juntó las manos en el centro para luego apoyar su nariz en ellas, sabía que estaba dejando pasar por alto muchas palabras pronunciadas por la hablante, maldición, que sensación tan sucia, pretendió tan solo hacer creer que el dragón captaba toda la atención de la sombra, así debía hacer hasta saber lo que esa mujer escondía*Tsssss...¿Por qué un dragón esconde su verdadera naturaleza?...¿Quién es ella en realidad?...Maldita sea la hora en que la humanidad inventó el disfraz...Disfraz...*Las palabras de la mujer fueron casi todas poco atendidas, hasta que el ojirojo volvió en sí y la escuchó hablar de curiosidad sobre su propia ausencia por parte de los del consejo, tragó saliba de manera sumamente aspera, no quería decir nada, tampoco poseía serenidad interna, todo un mal paisaje, volvió a su cabeza desde el último punto revisado*Estoy seguro que alguna vez escuché a los ancianos hablando de un dragón que quizo ser cordero...NO, no, un cordero que se escondía detrás de un dragón...Tsssss...Un dragón en la piel de un cordero, un disfraz espléndido*Seguramente sería de mal gusto para con la chica haber tenido que esperar más de lo habitual antes de poder escuchar a Kress, era algo que no se debía repetir jamás, como si su alma hubiese vuelto a su cuerpo, su ojo rojo se movió de lado a lado y, pestañeos repetidos acompañaron a un habla tranquila pero que de manera tajante se rebuscaría en su casi infinita y muy bien bendecida omnisciencia-Espero que disfrute su vino, le ruego me perdone estos minutos tácitos que he afrontado, recordé que debí haber hecho algo de relativa importancia antes de venir a este encuentro...Yo no tengo intenciones de ser portador de pensamientos ajenos, My Lady, solo sé que nuestro deber como grupo es de cuidar al gran Gilgamesh, y es que hablando de miembro a miembro que conocen la valía y la fé de nuestro rey, sería algo estúpido creernos que de facultad también estamos bien librados, no pretendo ofender a su majestad ni mucho menos, es el deber de nosotros como buenos observadores reconocer en él sus debilidades y resguardarlo de las mismas, es decir, puede que el consejo unánimemente refute una acción, pero el rey siempre podrá imponer su derecho a veto y pues simplemente ejecutar todo aquello que en su mente se presente-Pausó para tomar aire mientras levantó desde la posición de sus manos, el indice de la derecha elegantemente para indicar que quería añadir una cosa más antes de entregar la palabra-En conclusión hermosa damisela, que todos vayamos en alta sincronización y de manera totalmente polarizada es de alta importancia para el rey, aunque él diga que no nos necesita...Deseo de todo corazón que ahora entienda la razón por la que nos hemos encontrado-Carraspeó un poco para aclararse la garganta, habia dado un discurso digno de los mejores diplomáticos del mundo, cosa que a él realmente no le importaba mucho, solo necesitaba que la piel de cordero que relucía frente a él aceptara sus palabras.
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Re: El Dragón y la Sombra [Kress]

Mensaje por Kardia Van der Meer el Dom Mayo 10, 2015 10:00 pm

Por primera vez, descubrió las manos cubiertas por las anchas mangas de su túnica, una mano delgada pero de tacto firme, los dedos estaban cubiertos por elegantes dedales alargados y articulados para flexionar los dígitos, los cinco de oro, con una aleación, en lo que parecían afiladas y largas garras que pasaban los cinco centímetros de longitud. Se sabía que las garras de un dragón eran el material más duro, llegando a ser capaz de reducir una cota de malla a vulgar polvo, incluso el diamante oscilaba frente a las poderosas garras del animal, lo único que pudiera compararse a aquel agreste material, era aquella aleación entre el noble platino y el mítico adamantio, proveniente de las lejanas y jóvenes tierras griegas, el metal que fuera usado para labrar el escudo y lanza de Atenea, retozaba en los frágiles dedos femeninos, haciendo tintinar la copa, las piedras preciosas que adornaban las ostentosas –alhajas- brillaban de manera coqueta, con la mera intención de atraer la mirada a ellas, seduciendo con el brillo que probablemente habría sido opacado por la sangre de los opositores.

Los dragones son independientes por naturaleza, —acotó, mientras tomaba un sorbo de vino que degusto tranquilamente, sin titubear—. Criaturas indómitas si me permite decirlo, rara vez dan el lujo de depositar su misericordia y confianza en la carne fácilmente traidora.

Aclaro sin querer ser determinante, después de todo, analizar las palabras dichas con cautela, era algo de lo que bien podía jactarse con soberbia, pero en ese instante, solo se permitió tantear el terreno sin dejar a lado el marcado tinte ostentoso.

Gilgamesh es un dragón joven, pero no por ello menos sabio, tratar de protegerlo como a un niño me parece muy osado por parte del consejo.

Enseguida los zafiros se volvieron punzantes, capaces de desollar vivo a cualquiera que se atreviera a desafiarlos, si bien, Kardia era altamente pacifica, no se ocultó nunca el hecho de que alguna vez, fue un dragón de guerra, las leyendas que había forjado al paso de los años, a su edad, ya habían conquistado tierras que otros reyes jamás hubieran concebido, ejemplo tal, era la ahora subyugada Mesopotamia, que hubiera caído en el gobierno del apenas Rey Gilgamesh.

Sin embargo, agradezco infinitamente la preocupación presentada como humilde ofrenda al rey, —la voz nunca dejo de ser suave—. Tal vez si lo trata personalmente con él, comprenda sus motivos.

Más que un desafío, más bien esperaba una respuesta que esclareciera la niebla que se comenzaba a disipar frente a su juicio, ya había maquinado todo en su cabeza, y mantenía una postura, ahora solo dejaba que el veredicto llegara a ella.

Pero debo decirle caballero, que no soy la única al costado de mi señor, —agregó con cierto tono sarcástico y mordaz—. A su izquierda, se mantiene una espada afilada, suficientemente capaz de arrasar con todo un continente, si mi rey está en peligro… Ah, y… una férrea quimera ¿No le parecen suficiente protección para el rey?

Ahí estaba, lo que había guardado con recelo, como una revelación del universo.

Gilgamesh sabe proteger sus muros, no solo de manera física, también emocional, sin contar con la protección omnipresente del dios de la tierra. Me pregunto yo, quién sería tan ingenuo como para pensar que esto es un juego de estrategias sacadas de un libro utópico de viejos juglares. En todo caso, le aplastaría sin piedad, —argumentó refiriéndose a ella misma como esa mano ejecutora.

Una madre, el tono de Kardia recordaba al de una madre, capaz de cualquier proeza por defender la vida de sus vástagos. Evocó entonces a Gea, quien hubiera entregado una segur a Crono para castrar al tirano Urano, a Rea, que envolvió una piedra para ofrecerla como si fuera el verdadero bebé Zeus al hambriento Crono… O ni qué decir de la fría y bípeda Olimpia, quien hubiera colocado la corona de laureles en la cabeza del indomable Alejandro Magno. No había enemigo más cruel, más persecutor ni más temido que una madre.

Es por ello que rechazo cordialmente la oferta de sentarme con ustedes a la mesa, sé que hacen un trabajo limpio, excepcional, capaz de continuar manteniendo la estabilidad de este reino, mientras yo me encargo de proporcionar su juicio y mí juicio a nuestro señor… ¿A menos que yo mal interpretara vuestras palabras?... Entonces me disculpo por ello, no pretendo infundar un mal concepto de mi persona. Solamente me es incomodo tratar con el consejo, en lo personal, mi desconfianza en ellos es justificada por un pasado.

Conocía muy bien las estratagemas labradas por años para la caída de los grandes imperios, todas orquestadas por aquellos que se hacían llamar los siervos más cercanos al rey, la intriga y mansedumbre oculta en los muros de las cámaras donde las discusiones diplomáticas lanzaban veneno. Kardia suspiró mirando el ultimo trago de su copa de vino que hubo consumido durante las pausas de su discurso, sonrió con amabilidad y deposito la copa sobre el escritorio, sin siquiera prestar atención a la reacción del hombre.
Kardia Van der Meer
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Re: El Dragón y la Sombra [Kress]

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